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La empresa en el banquillo: Ley de delitos económicos y cómo blindarse

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Por: Juan José Vial Abogado especialista en litigación penal y delitos económicos en Abogaley | Experto en compliance y defensa corporativa.

La entrada en vigencia de la nueva ley de delitos económicos (Ley 21.595) ha encendido todas las alarmas en los directorios y gerencias de Chile.

La época en que los delitos cometidos al interior de una compañía se solucionaban despidiendo al trabajador infractor se acabó. Hoy, si un gerente, empleado o incluso un contratista comete un delito medioambiental, tributario o de corrupción, y su compañía no cuenta con un sistema de prevención real, la organización entera enfrentará el rigor y la agresividad del sistema penal.

Para defender el patrimonio y la continuidad operativa de nuestros clientes corporativos, en la dirección penal de Abogaley no nos limitamos a leer la ley; auditamos la doctrina exacta con la que se capacita a quienes van a dictar sentencia. Recientemente, hemos desglosado el Material Docente N° 25: “Responsabilidad penal de las personas jurídicas” (2024), escrito por el Dr. Osvaldo Artaza Varela y publicado oficialmente por la academia judicial de Chile. (Puede consultar este documento fundacional en el repositorio de la academia judicial).

Este manual es la “hoja de ruta” de los magistrados chilenos. Hoy no se hablará de teorías abstractas. Le revelaré exactamente qué criterios están adoptando los tribunales a partir de este texto y cómo utilizamos esa misma información para diseñar modelos de prevención de delitos (Compliance) impenetrables y defensas penales corporativas ganadoras.

El manual de los jueces: El “defecto de organización” y las nuevas penas letales

El texto de la academia judicial desmenuza el profundo cambio que sufrió la Ley 20.393 de sus más de 200 páginas, extraemos las tres reglas críticas que hoy rigen en los tribunales:

1. El fin de la exclusividad: Su empresa responde por proveedores y terceros

Antes, una empresa solo respondía si el delito se cometía por sus altos ejecutivos y en su beneficio directo. El manual instruye a los jueces que esto cambió radicalmente.

Cita textual del documento oficial: “con la Ley de delitos económicos se excluye la limitación de la responsabilidad penal a los supuestos cometidos en interés directo e inmediato… se amplía indiscutiblemente el margen de sujetos cuya actuación permite la atribución de responsabilidad penal a la persona jurídica… incluye la actuación de cualquiera que le prestare servicios o gestionare asuntos suyos frente a terceros”. (Academia Judicial de Chile, Material Docente N° 25, p. 89).

2. El Injusto corporativo: Castigo por falta de compliance

Los jueces ya no sancionan a la empresa simplemente porque el empleado delinquió. La condenan por su “defecto de organización”; es decir, por no haber gestionado el riesgo de forma efectiva.

Cita textual del documento oficial: “Con la Ley de Delitos Económicos se clarifica aún más el requisito de la conexión entre el hecho de la persona natural y el defecto en la gestión de riesgos […] se exige que la perpetración del primero ‘se hubiere visto favorecida o facilitada por la falta de implementación efectiva de un modelo adecuado de prevención de tales delitos’.” (Academia Judicial de Chile, Material Docente N° 25, p. 89).

3. La intrusión del Estado: La figura del “supervisor judicial” y el “comiso”

Si su empresa es condenada por tener un compliance deficiente, el tribunal impondrá sanciones devastadoras, incluyendo la confiscación de ganancias (incluso sin condena previa) y el nombramiento de un Interventor.

Citas textuales del documento oficial: “La supervisión de la persona jurídica consiste en su sujeción a un supervisor nombrado por el tribunal […] El supervisor tendrá facultades para impartir instrucciones obligatorias e imponer condiciones de funcionamiento […] además tendrá derecho a acceder a todas las instalaciones y locales”. (p. 186). Además, “serán decomisadas las ganancias obtenidas por la persona jurídica a través de un hecho ilícito que corresponde a un delito, aun sin necesidad de condena…”(Academia Judicial de Chile, Material Docente N° 25, p. 191).

La estrategia corporativa de Abogaley: El escudo frente a la fiscalía

Saber que los jueces buscarán un “defecto de organización” es la teoría (el 20%). Construir la muralla legal y probatoria para que el ministerio público no pueda acreditar ese defecto es la práctica en la trinchera penal (el 80%). Como abogados especialistas en delitos económicos y corporativos, así operamos para blindar a su empresa:

A. La destrucción del “compliance de papel”

Es alarmante la cantidad de gerencias que creen estar protegidas porque compraron un “manual de prevención de delitos” genérico y lo guardaron en un cajón. El manual de la academia judicial es enfático: si el modelo no está “efectivamente implementado”, financiado y auditado, el juez asumirá que la empresa es culpable por omisión.

En Abogaley realizamos un levantamiento clínico de sus riesgos reales según su industria. Identificamos en qué punto exacto de sus operaciones (compras, licitaciones, gestión ambiental, recursos humanos) existe un riesgo penal y blindamos ese flanco con controles detectivos y preventivos.

Dotamos al oficial de cumplimiento de autonomía real. Si la fiscalía toca a su puerta, le demostraremos probatoriamente al fiscal que la empresa hizo todo lo humanamente exigible para evitar el ilícito.

B. Cortando el “nexo causal” en el tribunal oral

Si un gerente o un proveedor comete fraude o estafa, contaminación o paga un soborno, el Estado intentará imputar también a la compañía argumentando que el delito “se vio facilitado”. Nuestra labor táctica en el juicio oral es demostrar que la empresa es víctima del trabajador, no su cómplice.

Utilizando la propia dogmática que estudian los jueces, demostramos mediante peritajes, auditorías forenses y trazabilidad documental que el ejecutivo infractor tuvo que “burlar” deliberadamente el robusto sistema de control interno de la compañía para poder delinquir. Al acreditar que no hubo un defecto de organización, y que se trató de un acto aislado, obligamos al tribunal a absolver a la persona jurídica, encapsulando la condena exclusivamente en la persona natural.

C. Escudo táctico contra el comiso y la muerte corporativa

La Ley 20.393 contempla penas letales: multas confiscatorias (calculadas sobre los ingresos diarios), comiso de utilidades y la disolución de la empresa. Si su organización ya está siendo investigada, nuestra estrategia de litigación se vuelve de contención extrema.

Frente a solicitudes cautelares del ministerio público, pasamos a la ofensiva. Aportamos investigaciones internas conducidas bajo estricto secreto profesional.

Litigamos en el juzgado de garantía para bloquear embargos sobre las cuentas bancarias de la compañía, argumentando con rigor financiero que cualquier intromisión externa destruiría fuentes de empleo. Negociamos salidas alternativas desde una posición de fuerza para evitar a toda costa el nombramiento de un supervisor judicial que le quite el control del negocio a su directorio.

Conclusión profesional: La inacción gerencial hoy es un delito

La doctrina de la academia judicial es un baño de realidad: el Estado ya no tolera a las empresas que miran hacia el lado. Hoy, la “ceguera voluntaria” de un gerente general o de un directorio frente a las malas prácticas de su equipo, configura exactamente el defecto de organización necesario para quebrar y liquidar una compañía.

¿Su empresa aún no ha actualizado su modelo de prevención de delitos a las severas exigencias de la nueva Ley de delitos económicos? ¿O está enfrentando actualmente un requerimiento, allanamiento o investigación de la Fiscalía/Ministerio público)?

El tiempo juega en su contra. Contáctenos hoy en Abogaley y agende una sesión estratégica de auditoría o defensa corporativa con nuestra dirección. En el actual escenario del derecho penal económico, blindar su patrimonio a tiempo es la única garantía para la supervivencia de su negocio. Anticiparse es ganar.

Nicolás Ríos-Montt
Sobre el autor
Nicolás Ríos-Montt
Abogado · Director de Abogaley®

Abogado experto en derecho de familia e insolvencia. Doble máster en psicología infanto-juvenil, especialidad en trauma, Universidad Isabel I (España). Dirige el equipo de Abogaley® y la estrategia de las causas donde hay niños involucrados.

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Preguntas frecuentes

Aquí respondemos a las preguntas más frecuentes sobre nuestros servicios legales.

¿Desde cuándo rige la Ley de Delitos Económicos y cuándo empezó a aplicarse a las empresas?

La Ley 21.595 se publicó en el Diario Oficial el 17 de agosto de 2023 y, como regla general, entró en vigor ese mismo día. Desde entonces rige el estatuto reforzado de penas para las personas naturales que cometen delitos económicos.

Para las empresas el calendario fue distinto. Las modificaciones que la ley introdujo en la Ley 20.393, sobre responsabilidad penal de las personas jurídicas, entraron en vigor el primer día del decimotercer mes siguiente a su publicación, esto es, el 1 de septiembre de 2024.

La ley no se aplica hacia atrás en perjuicio del imputado. Los hechos anteriores a su vigencia se juzgan con la ley vigente al cometerse, salvo que la nueva sea más favorable, comparación que se hace con todas las normas pertinentes, sin fraccionarlas.

Los delitos que se prolongan en el tiempo tienen una regla especial. Si la ley entró en vigor durante su perpetración, se aplica siempre que en la fase posterior se haya realizado íntegramente la nueva descripción legal del hecho.

El catálogo, además, sigue creciendo. La Ley 21.770, Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales, publicada el 29 de septiembre de 2025, incorporó nuevos delitos de esa misma ley a la segunda y a la tercera categoría de delitos económicos.

Son los que la Ley 21.595 enumera en cuatro categorías. Lo que distingue a cada categoría no es la gravedad del delito, sino la relación que la ley exige entre el hecho y una empresa.

La primera categoría es económica en toda circunstancia. Incluye, entre otros, delitos de la Ley de Mercado de Valores, de la ley que crea la Comisión para el Mercado Financiero, de la Ley General de Bancos y de la Ley sobre Sociedades Anónimas.

La segunda exige un vínculo con una empresa. El hecho debe cometerse en ejercicio de un cargo, función o posición en ella, o en su beneficio. Incluye, por ejemplo, delitos tributarios, la estafa, la apropiación indebida y los delitos informáticos.

También figura en esa categoría el delito previsional de la Ley 17.322. Puedes revisar ese caso en nuestra guía sobre la denuncia por no pago de cotizaciones.

La tercera abarca, entre otros, delitos de funcionarios públicos, como la malversación o el cohecho, cuando interviene alguien de una empresa o se cometen en su beneficio. La cuarta es la receptación y el lavado de activos, principalmente cuando los bienes provienen de delitos económicos.

Hay dos matices. En la segunda y tercera categoría, el régimen especial solo alcanza a quien conocía la vinculación con la empresa. Además, sus reglas de penas y comiso no rigen si el hecho ocurre en una micro o pequeña empresa o en su beneficio.

Es el sistema con que la Ley 21.595 calcula la multa, que acompaña siempre a todo delito económico y no puede sustituirse. Se determina en dos pasos, primero el número de días-multa y luego el valor de cada uno.

El número depende de la gravedad de la pena del delito. La tabla legal va, por ejemplo, de 11 a 50 días-multa para el presidio menor en su grado mínimo, y de 251 a 300 desde el presidio mayor en su grado máximo hasta el presidio perpetuo calificado.

El valor de cada día-multa se ajusta a tu capacidad económica. Es el ingreso diario promedio líquido que tuviste en el año anterior a que la investigación se dirigiera en tu contra, con un mínimo de media unidad tributaria mensual y un máximo de mil.

Existe un correctivo para quien tiene mucho patrimonio y pocos ingresos. Si el ingreso resulta desproporcionadamente bajo en relación con el patrimonio del condenado, el tribunal puede aumentar hasta en dos veces el valor del día-multa.

Un ejemplo ayuda a dimensionarlo. Si el tribunal fija 60 días-multa y tu ingreso diario promedio líquido equivale a 2 UTM, la multa asciende a 120 UTM, y la sentencia la expresa en una suma de dinero en moneda de curso legal.

Las empresas tienen su propia escala. En la Ley 20.393 la multa va de 2 a 400 días-multa, de 5 a 5.000 UTM cada uno, sin superar en conjunto 600 días-multa. En los crímenes el mínimo es de 200 días-multa.

Sí, pero con reglas más estrictas que las generales. La Ley 21.595 crea un régimen propio, y la Ley 18.216 de penas sustitutivas solo se aplica en forma supletoria, en lo no regulado y en cuanto no se oponga a ella.

Solo existen tres alternativas. La remisión condicional, la reclusión parcial en domicilio y la reclusión parcial en establecimiento especial, de modo que otras penas de la Ley 18.216, como la libertad vigilada o la prestación de servicios en beneficio de la comunidad, no figuran en ese catálogo.

La remisión condicional es la más restringida. Exige una pena que no exceda de tres años, que concurra una atenuante muy calificada y que no tengas condenas anteriores por crimen o simple delito, sin contar las cumplidas diez o cinco años antes, respectivamente.

La reclusión parcial en domicilio procede con penas de hasta tres años, sin agravante muy calificada ni condenas previas y con antecedentes laborales, educacionales u otros que la justifiquen. Es diurna, de ocho horas continuas, o de fin de semana, con monitoreo telemático.

La reclusión parcial en establecimiento especial cubre el tramo siguiente. Procede con penas superiores a dos años que no excedan de cinco, con requisitos similares, y consiste en cincuenta y seis horas semanales de encierro, diurno, nocturno o de fin de semana.

La forma de calcular la pena también cambia. En los delitos económicos no se aplican las reglas generales del Código Penal sobre atenuantes, agravantes y determinación de la pena, sino reglas propias. Más detalles en nuestra página de abogados penalistas.

La Ley 20.393 no contiene un mandato expreso de adoptarlo, pero sin él la empresa queda expuesta. Un modelo efectivamente implementado y adecuado es lo que permite eximirla de responsabilidad penal, y su existencia y grado de implementación también pesan al determinar las penas.

La ley exige que el modelo considere seria y razonablemente cuatro aspectos, en la medida exigible a su objeto social, giro, tamaño, complejidad, recursos y actividades. El primero es identificar las actividades o procesos que implican riesgo de conducta delictiva.

El segundo son protocolos y procedimientos para prevenir y detectar delitos. Deben incluir canales seguros de denuncia y sanciones internas, comunicarse a todos los trabajadores e incorporarse expresamente en los contratos de trabajo y de prestación de servicios, incluidos los de los máximos ejecutivos.

El tercero es designar uno o más responsables con adecuada independencia, facultades efectivas de dirección y supervisión, y acceso directo a la administración. La empresa debe proveerles los recursos necesarios según su tamaño y capacidad económica.

El cuarto son evaluaciones periódicas por terceros independientes y mecanismos para perfeccionar o actualizar el modelo a partir de ellas. Aquí hay un cambio relevante, porque la versión anterior de la norma contemplaba la certificación del modelo y la vigente ya no la menciona.

Actuar a tiempo también atenúa. Es circunstancia atenuante que la empresa adopte, antes de la formalización, medidas eficaces para prevenir la reiteración de la misma clase de delitos, entre ellas la autonomía debidamente acreditada del encargado de prevención.

Responden las personas jurídicas de derecho privado, las empresas públicas creadas por ley, las empresas, sociedades y universidades del Estado, los partidos políticos y las personas jurídicas religiosas de derecho público. La ley no distingue según su tamaño.

El catálogo de delitos es amplio. Abarca los de las cuatro categorías de la Ley de Delitos Económicos, aunque no sean económicos en el caso concreto, y otros previstos en leyes especiales y en el Código Penal.

Entre estos últimos están el delito terrorista de la Ley 18.314, los del Título II de la Ley sobre Control de Armas, la trata de personas y la sustracción de madera.

Hay, en cambio, una exclusión. Mientras la ley no coordine las sanciones aplicables, las personas jurídicas no responden penalmente por el delito de colusión.

La responsabilidad de la empresa es autónoma. Puede ser condenada aunque la persona natural no sea declarada responsable, su responsabilidad se haya extinguido o no pueda ser identificada, siempre que conste que el hecho solo pudo cometerse por alguien de la empresa en las circunstancias legales.

Tampoco se libra reorganizándose. La disolución, transformación, absorción, fusión o división de la persona jurídica no impide que sea condenada.

La pena más grave tiene límites. La extinción de la persona jurídica solo procede en crímenes, con condena en los diez años anteriores o reiteración, y no se aplica a empresas públicas creadas por ley ni a servicios de utilidad pública cuya interrupción cause graves consecuencias.

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Sobre el autor/a de esta nota

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Nicolás Ríos-Montt
Abogado · Director de Abogaley®
Abogado experto en derecho de familia e insolvencia. Doble máster en psicología infanto-juvenil, especialidad en trauma, Universidad Isabel I (España). Dirige el equipo de Abogaley® y la estrategia de las causas donde hay niños involucrados.

Áreas de especialización

Derecho de familia e insolvencia (Ley N° 20.720)
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